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Este
pasado 21 de Marzo, doscientos mil ciudadanos y residentes legales
de esta gran nación, marcharon de manera patriótica
ondeando con orgullo y respeto los símbolos patrios de
la nación estadounidense.
Millones
mas, en toda la nación se unieron solidariamente al clamor
histórico de los hispano-estadounidenses por hacer hecha
realidad la promesa que por una década a seducido el voto
hispano durante elecciones: Una Reforma Migratoria que legalice
la presencia de millones de hijo/as, hermano/as, esposo/as, madres,
padres.
Una
tras otra elección, por una década, el hispano ha
fortalecido la democracia de este país con el incremento
de su participación electoral. Y con su elección,
Presidente Obama, el pueblo hispano hizo historia, no solo con
el apoyo masivo que ayudo a convertirlo en el Presidente histórico
que es, sino también, con el numero histórico de
votantes de nuestra comunidad, el cual continua incrementándose
cada año con nuevos ciudadanos naturalizados u otros que
cumplen la mayoría de edad.
Su
mensaje televisado durante la marcha pasada, en el cual expresa
su compromiso hacia nuestra petición, es muy confortante,
y motiva mucho el vigor de continuar nuestra lucha. ¡Albricias!.
Sin embargo, Presidente Obama, cada día, cientos de nuestros
hermanos debido a su perfil físico están siendo
acechados discriminatoriamente por la policía, debido a
leyes que les autorizan a ejercer poder migratorio. Eso ha producido
que miles de personas que son victimas o testigos de crímenes,
no los denuncien. Aun, más penoso, es el hecho de que miles
de nuestros hermanos continúan siendo arrestados y golpeados
en injustas e inhumanas redadas.
Casi
la totalidad de nuevos inmigrantes, son personas honestas y de
Fe, que tienen las mismas aspiraciones de los inmigrantes que
crearon esta nación, pero que, lamentablemente, en el siglo
XXI, sufren de la increíble humillación del encadenamiento
y la tortura del encarcelamiento. Aun peor, la separación
de sus seres amados.
Miles
de seres humanos son separados de sus hijos, y estos sometidos
a la vida del sistema federal de servicios familiares, lejos del
amor de sus amados padres o enviados a países que desconocen
y como ciudadanos estadounidenses se les priva de un porvenir
en el país adonde han nacido. Eso es cruel, Señor
Presidente, y sé que usted comparte este sentimiento de
dolor que embarga a estas familias.
Sé
que existe en usted, la convicción histórica de
que su Presidencia trascienda como una de las más importantes
para transformar la conciencia humana, el mundo entero ha reconocido
ese propósito, por lo que ostenta el inmenso honor y responsabilidad
de ser un poseedor del premio Nóbel de la paz y por ello,
es indispensable e imperativo que, ¡Pare las redadas, Señor
Presidente!
Por
medio de una orden ejecutiva, usted puede detener esta practica
que antecesores suyos han aprobado y que debilita la imagen democrática
que tanto admiramos, respetamos y defendemos, pero que además,
no ha resuelto el problema y es claro, que no lo resolverá.
Usted no es como ellos, Señor Presidente. El paro de redadas
y deportaciones de seres humanos honestos, a partir de este momento
hasta que se apruebe una reforma migratoria, seria un gesto político
que resonaría eternamente en los anales de la historia,
por el coraje que significa ejecutarlo, además, porque
derrotaría el status quo que injustamente se aplica a nuestra
comunidad.
Las
deportaciones de personas que violan la ley, son necesarias, pero
no así, las de quienes desean contribuir a mantener esta
nación como la más poderosa del mundo, y además,
sirven a los intereses y necesidades de todos sus habitantes.
Presidente
Obama, usted cuenta con el apoyo político de la comunidad
hispana, la cual es fiel y honorable a su presidencia. Usted comprende
la necesidad que surge en nosotros por conquistar nuestra lucha
histórica. Estreche nuestra mano nuevamente, y continué
siendo valuarte de nuestros intereses. ¡Pare las redadas
y deportaciones de seres humanos honestos!
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