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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capítulo #9 (Puñaladas al Corazón)

En el año 1993. Había cumplido doce años. Al menos ya la paz estaba firmada y se podía tener un poco más de tranquilidad, al menos en ese punto, aunque el drama continuaba y esta vez peor. Se soltó una ola de ladrones insoportable, todos los que habían salido de la guerra y no tenían nada que hacer, se ocupaban en ese tipo de actividades, ya que al menos en la guerra comían gratis pero ya fuera de ella tenían que trabajar y no estaban muy acostumbrados a valerse por ellos mismos.
De sólo ver como había quedado el país de destruido se podía sentir impotencia de reconstruirlo, los puentes derribados, las calles parecían ríos sin agua. Comenzaron a correr unos cuantos y viejos buses, los que casi siempre terminaban en los abismos con un montón de gente muerta y para agravarla eran asaltados por ladrones que dejaban a la gente sin nada; las cosas estaban peor, al menos en la guerra había más respeto ¡pero estos estaban prácticamente fuera de control!

Luego nos marchamos con mi padre a un lugar llamado Pueblo Viejo. Era un lugar en donde se desarrolló lo más fuerte de la guerra, donde murieron innumerables personas, civiles, guerrilleros y soldados. Todo ese lugar se había convertido en un pueblo fantasma, sólo se podía apreciar lo que un día fueron casas, se necesitaba mucho valor para caminar por ahí por la vista que no era nada agradable. Se veían las casas quemadas, restos de animales y de humanos, tremendos huecos en la tierra por las bombas, letreros en las paredes que quedaban en pie, que decían: “Somos la fuerza”, entre otras cosas. Además, había la posibilidad de pararse un una mina y quedarse sin pies si tenía suerte y no perdía la vida, ya muchos habían corrido con esa suerte pero no había de otra, se tenía que correr el riesgo.

Y así, junto a mis hermanos y unos primos nos fuimos a Pueblo Viejo, a labrar la tierra, hacer maícilleras, frijolares y milpas con nuestras propias manos, abonándoles y dándoles los cuidados necesarios para que produzcan.

En ese momento, mis padres pasaban por una etapa crítica matrimonial y estaban a punto de separarse, tenían muchas razones para hacerlo de lo cual no puedo dar una razón exacta. Lo que sí es cierto, es que yo a esa edad tenía una vida muy agitada, es todo lo que puedo decir.
Nos levantábamos a las dos de la mañana para prepararnos unos cuantos frijoles duros llamados Segovianos, en especifico, eran unos frijoles que regalaban en los repartos los soldados poco tiempo después de haberse firmado la paz, una o dos veces al año, esto se convertía de gran ayuda para ciertos lugares de la comunidades pobres del pueblo salvadoreño.

De todos esos momentos arduos de trabajo, les traeré una pequeña anécdota, de cuando estaban Marisela, Cristina y yo, y algunas veces mi padre. El no se mantenía mucho tiempo con nosotros en el campo por buscar algo de dinero por otros medios.
Mi padre nos mandaba a hacer un fogón de madera allí desperdiciada para calentar las tortillas, luego comenzábamos a comer los frijoles que sonaban en los depósitos de plástico.

Recordaba Ignacio, recostado en la soledad de su recamara con una vieja fotografía de su padre en la mano.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capítulo #9 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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© Copyright-2003 Carlos A. Velásquez Blanco