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Marzo 2006
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Puñaladas al Corazón

J. fredis Romero, nació en Usulutan, El Salvador, en el año 1981. Realizó parte de sus estudios en el la escuela Arcos Del Espino. Fue ahí donde dió sus primeros pasos en el arte.

Retazos del capitulo #3 (Puñaladas al Corazón)

Mi padre era un hombre dependiente de familia humilde, nacido y crecido en el mismo lugar de mi madre. Perdió a su padre a la edad de cinco años, criándose sólo con su madre y cuatro hermanos, los cuales tuvieron muy pocas oportunidades como todos los niños de esa época.

Cuando eran pequeños les dio una enfermedad de la cual se les hizo agua la sangre, y lo más triste, es que no había fondos económicos para curarlos. La pobreza e ignorancia de esos tiempos hacían las cosas más difíciles, en otras palabras, sólo quedaba esperar la muerte. Ninguno de los cinco hermanos tuvo la oportunidad de estudiar, a tal punto de no poder leer ni escribir nada, creciendo mi padre, entre montes y sembríos. Así fue como aprendió a conocer números entre montones de madera. Para conocerle mejor, les traeré una anécdota suya de cuando era niño. El solía decir:

—Recuerdo los momentos de mi enfermedad, mi madre estaba sola, no tenía nada para darnos de comer, mucho menos para curar nuestra enfermedad y lo que hacía era sancochar un huevo de gallina y nos lo ponía en el centro de la mesa, sostenido en una libra de sal y a un lado, unas cuantas tortillas de maicillo. Allí, nos reuníamos los cinco hermanos a juntar la tortilla en la yema del huevo.

Seguía mi padre hablando mirando distraídamente a otra parte, con lágrimas en los ojos; que en su enfermedad, su madre sólo alcanzaba a comprar pastillas Sulfatiazol, que se le dan a los pollos cuando tienen catarro, baratas y económicas de comprar, en el metabolismo humano no son muy efectivas. Contaba que la sangre se les había echo agua, sus pequeños cuerpos estaban hinchados, su madre los sacaba al sol esperando la muerte de sus pequeños, sin dejar de confiar en la misericordia de Dios. Antes que se tomaran las pastillas, los mandaba a rezar para que les cayera bien decía ella dándole la mitad a cada uno no tenía para más.

Así pasaron los días, las pastillas resultaron efectivas; cuando ella vio la mejoría en sus hijos, comenzó a vender los pocos huevos de gallina, para poderles comprar una a cada uno, así lograron salir de esa. Fueron creciendo días comiendo y días que no, hasta convertirse en los hombres
de la casa y velar por su madre, que hasta ese momento ya lo había dado todo por ellos, a estar a su lado y compartir con ella, hasta el último momento de su vida.
Yo recuerdo muy poco de ella. No tuve la oportunidad de compartir con la abuela, además, era muy pequeño cuando ella murió.

Al poco tiempo después, murió la otra abuela, por parte de mamá, a la que yo sentí muchísimo pues era con la que más tiempo compartí.
Así fui creciendo, con los pocos recuerdos que tenía de ellas. Cuando estaba solo, me gustaba recordar lo que viví con ellas.
Tengo un bonito recuerdo de la madre de papá.

Dijo con una sonrisa Ignacio.

De cuando eran los últimos días de su enfermedad, mi padre la llevó unos días a la casa de la orilla del mar, para que se relajara con la brisa fresca, fueron los únicos días que estuve más cerca de ella, me gustaba ir acostarme a su cama; era muy cariñosa conmigo, además, me gustaba tocarle sus brazos y sentir su piel arrugada y muy suave. Ella me consentía muchísimo estrechándome contra su pecho. Murió convirtiéndose en el recuerdo que más anhelo tener.

Antes de que ella muera, murió uno de sus hijos ahogado en el mar. Lo extraño de ello es que él sabía nadar perfectamente y cuando sacaron el cuerpo ya sin vida, la única explicación que encontraron de su muerte, fue vómito en la nariz, esa fue la única causa que se cree de su muerte.

En ese momento él estaba viviendo con nosotros a la orilla del mar, se había separado con su esposa por problemas de alcohol, ya que le gustaba tomar muchísimo. Después de un tiempo de estar viviendo en casa, justo en los días de su muerte, había discutido con mi padre por una causa insignificante. Esa tarde de la discusión, él se fue a casa de unos amigos de los dos, a los cuales también les gustaba tomar mucho, era Sábado de Gloria, por lo tanto todos estarían en casa. Como a las tres de la tarde se fueron a relajar a la orilla del mar, donde estuvieron conversando, compartiendo un poco, después de un rato los miró a todos y dijo, que quería darse un baño y tenia los ojos llenos de lágrimas, quedándose todos extrañados por su conducta. Diciendo eso, camino a la orilla del agua, la playa estaba seca, nadie le presto demasiada atención, todos sabían que era un buen nadador y se confiaron de eso. Cuando él entró al agua con su ropa puesta, levantó la mano y dijo adiós, era bastante bromista y todos creyeron en eso, y siguieron conversando descuidadamente. De pronto uno de ellos miró al mar y no se veía nada, sólo las olas elevarse entre el sol que ardía, le llamó muchísimo la atención y preguntó a sus amigos si ya había salido del agua, o estaba todavía en ella, pero nadie lo había visto salir, por lo tant6, sabían que estaba allí. Comenzaron a preocuparse y tratar de encontrarlo por alguna parte, tomando en serio el adiós que él les había dado inicialmente. Así, se subieron a los árboles de coco para tener mejor vista al mar, de pronto lo vieron flotar entre las olas, corrieron todos a rescatarlo, pero su cuerpo ya se hallaba sin vida…

Con esto no quiero decir que él se suicidó, no se conoce las razones, la respuesta que hay, son los restos de vómito en su nariz, lo demás, sólo Dios y él lo saben y yo nada más quiero pedir paz para él, donde quiera que esté; digo esto con respeto a su memoria y su familia, pero lo que sí es cierto, es que la tragedia debilitó más la salud de su madre, la cual murió un tiempo después que él.
Mi padre es un hombre muy fuerte, pero esta vez no pudo ocultarlo demasiado, se le notaba lo mucho que le afectó la muerte de su hermano, a lo mejor por no tener la oportunidad de solucionar los problemas con él, antes de morir.

Recuerdo ese día, cuando traían a mi tío muerto entre dos hombres y lo recostaron en una mesa grande que se hallaba en el interior de la casa, tuve mucho miedo. Fue el primer cuerpo sin vida que estaba frente a mis ojos, no recuerdo casi nada, sólo que todos lloraban, pero el más afectado de esto fue Lucas, se la pasaban juntos todo el tiempo y por las tardes se ponían a hacer trampas para atrapar cangrejos, (son unas trampas que las hacían de madera o lámina, con forma de caja, con un gancho adentro, el cual salía entre la tabla de encima y la tabla de atrás, sosteniendo una pequeña tapa del frente, la cual se cerraba cuando el cangrejo cogía la comida, que esta dentro quedándose atrapado en ella). A Lucas le gustaba agarrarlos para comer. Ellos las ponían por las tardes, después las recogían por la mañana, ya con la presa adentro.

Mi tío era muy bueno, el único problema que tenía, era que tomaba muchísimo. Deseo que Dios lo tenga en su eterno descanso.

Envíe su comentario sobre estos Retazos del capitulo #3 del Libro "Puñaladas al Corazón" volver21@hotmail.com

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© Copyright-2003 Carlos A. Velásquez Blanco