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Retazos del capitulo #2 (Puñaladas
al Corazón)
Estaba
sentado Lucas a la orilla del mar mirando las olas elevarse en
la frescura de esa tarde de viernes; había cumplido catorce
años, los que sin lugar a duda le habían afectado
mucho por las malas experiencias que a su corta edad había
tenido. Todo esto lo iba haciendo más rebelde. Contestaba
mal a mi padre cuando él le exigía cosas, lo que
provocaba el maltrato físico y psicológico pues
éste lo golpeaba como a un animal dejándolo casi
muerto. Mientras mi padre más lo maltrataba, Lucas más
rebelde se volvía. Mi madre sufría muchísimo
por todo el maltrato que Lucas recibía. Todo había
comenzado hacía mucho tiempo, desde que vivíamos
en Cabañas, seguido por todos los lugares que radicamos.
Año 1986. Eran los momentos más difíciles
de la Guerra Civil salvadoreña, en donde mataban a la gente
como animales sin importarles nada. Maltrataban y violaban a las
mujeres les cortaban la lengua para que no dijeran quién
lo había hecho, y la que no corría con esa suerte
le quitaban la vida de una forma brutal.
No tengo la fecha exacta de cuándo llegamos a la playa
Santa Catarina, sólo sé que yo era un bebé.
Llegando a ese lugar mis padres conocieron una pequeña
familia, los únicos vecinos más cercanos que tenían,
con los cuales se hicieron buenos amigos.
Contaba mi madre que tenían unas hijas muy hermosas a las
cuales les gustaba jugar conmigo. Todo esto no lo puedo olvidar
ahora que ya soy mayor y puedo entender lo que mi madre me contaba.
Seguidamente conocieron a otra familia, con los que entablaron
una buena relación. Los señores tenían cuatro
hijos, dos mujeres y dos hombres, de los cuales el menor de ellos
murió durante la guerra siendo brutalmente asesinado con
tan sólo quince años de edad. ¡Y lo más
triste fue que nadie supo dónde lo enterraron! Ni sus padres
tuvieron la oportunidad de verlo por última vez…
Este joven, que en paz descanse, se hizo buen amigo de Lucas,
el cual sintió mucho su muerte como todo aquél que
lo conocía, pues fue un joven humilde y de muy poca educación
escolar, sin faltar la de sus padres.
Este golpe fue muy fuerte para los padres de este joven, no tenían
razones ni motivos del por qué acabar con su vida a su
corta edad y más de una forma tan brutal. Su padre, un
humilde labrador de la tierra, por causa de tanto sufrimiento
se enfermó hasta morir años después de la
muerte de su hijo. Pero antes de su muerte, pidió a Lucas
y Carolina que fueran los padrinos de su hija menor, Marisela,
la única que le quedaba; la otra se marchó sin saber
de su paradero antes que la guerra comenzara y el único
varón que le quedaba se marchó a los Estados Unidos
al principio de la guerra, y del que tampoco sabían nada.
Era todo un completo sufrimiento para esta familia como lo era
para muchas familias salvadoreñas, ya que al que no le
mataron un hijo, le mataron al papá, al tío, hermano,
o esposo; era todo un drama sin montajes.
Se preguntarán por qué les hablo tanto de esta familia,
pero luego entenderán las razones.
Los soldados y guerrilleros se aparecían en todo momento
formando así grandes enfrentamientos donde perecieron varias
familias, hombres, mujeres y niños, que no tenían
nada que ver. Pasaban por las casas pidiendo comida a la fuerza
y había que dárselas. De no ser así correría
sangre.
En ese tiempo los fines de semana hacían fiestas en el
centro de Santa Catarina, que era un lugar turístico todavía
a pesar de la guerra, aunque los únicos espectadores eran
las fuerzas armadas.
En uno de esos oscuros fines de semana, de esas noches que son
de las más tristes que se puedan imaginar, por todo lo
que paso, aquella tarde, sábado veintiocho de marzo, los
soldados acamparon a la orilla del mar bajo los árboles
de coco, esa tarde por lo tanto había fiesta en Santa Catarina
e invitaron a todas las jovencitas que por su camino se cruzaron
para ir a bailar con ellas. Cuando ellos pedían que les
acompañaran y se negaban a su petición, la mañana
siguiente seguramente no aparecían. Las jóvenes
que eran las vecinas más cercanas que mis padres tenían,
habían sido invitadas a la fiesta, a lo cual ellas se negaron.
Esa tarde los soldados fueron vistos afilando cuchillos de esos
que las fuerzas armadas suelen usar, cortos, gruesos y pesados,
con cachas de metal, los cuales contienen filo por un lado y por
el otro son unos pequeños ganchos tipo sierra; los estaban
preparando para la atrocidad que cometerían al caer la
noche. No se supo exactamente a qué hora fue, lo que sí
es cierto es que esa noche se convertiría en la más
oscura de aquel verano. En medio de las tinieblas de la noche
forzaron las puertas y los mataron a todos, incluyendo dos niños
de cinco y seis años. Esa noche para mala suerte los visitaban
unos familiares, los cuales corrieron la misma suerte. En la casa
mataron a nueve personas siendo decapitadas todas.
En el momento de la tragedia mi madre acababa de dar a luz a Claudia,
mi hermana menor. Y mi padre trabajaba aserrando madera con su
hermano menor en un lugar muy retirado de la casa, por lo cual
tenía que levantarse temprano para llegar a tiempo al trabajo.
Salía de casa aproximadamente a las dos de la mañana
y tenía que caminar más de dos horas para llegar
a su destino.
Perdonen que les cambie un poco la historia pero siento el
deseo de escribir algo de esta hermosa tarde. Me encuentro en
el balcón de mi apartamento; es una tarde fresca en pleno
verano donde la temperatura suele ser de más de 90°
F grados; pero esta tarde no es así, creo que está
entre los 60°F. La tarde es fresca, el cielo está un
poco nublado, está corriendo viento, es una tarde única
y muy silenciosa, no sé si es ella o soy yo pero la siento
bastante triste, a lo mejor es que estoy solo. Bien ya les he
contado de cómo me siento, ahora continuaremos con la historia.
Contaba mi padre acerca de cuando él iba al trabajo en
aquella oscura noche, podía apreciar a lo lejos pequeños
bultos blancos esparcidos bajo los árboles de coco. No
le llamó demasiado la atención averiguarlo, imaginándose
que a lo mejor habían lavado ropa un día antes,
dejándola tendida afuera y el viento se las había
esparcido, fue lo primero que su mente percibió. Al amanecer
se apareció un hombre de aspecto fornido, el estómago
un poco grande con los botones de la camisa que ya mero se daban
por vencidos, la barba y el bigote descuidado. Tenía una
gorra bien sujetada a la cabeza, tocó la puerta con desesperación;
mientras mi madre se levantaba con dificultad, él seguía
tocando a la puerta, ella no pudo pararse pronto; tenía
sólo nueve días de haber dado a luz a Claudia, abrió
la puerta…y el hombre le preguntó mirándole
a los ojos.
— Señora, ¿sintió algo en la noche,
algún ruido, grito o algo?
— No señor, no escuché nada. ¿Por qué
me lo pregunta?, dijo sorprendida mi madre, mientras me acariciaba
el cabello, pues yo en ese momento estaba abrazado a su pierna
izquierda.
— ¿Ustedes conocen a la familia de la casa de alto,
verdad?, preguntó el de la panza grande.
— Sí, claro son nuestros vecinos y además
nuestros amigos.
— A toda la familia la asesinaron anoche.
— ¡Eso no puede ser cierto!
— Señora recoja todos sus niños y enciérrelos,
no le abra la puerta a nadie.
Mi madre se puso muy nerviosa e hizo lo que el hombre le pidió.
Así pasaron las horas hasta que mi padre regresó.
Mientras tanto la gente comenzó a mover los cuerpos ya
sin vida para el centro de la casa, depositándolos en el
piso sobre carpetas negras y cubriéndolos con sábanas
blancas por el momento, ya que les habían dado tiempo para
que pudieran enterrarlos; de no ser así, los perros y los
buitres se harían cargo de ellos. Rápidamente cavaron
una fosa a un costado de la casa y los sepultaron a todos juntos.
Dos días después, llevaron a tres hombres más,
quienes corrieron la misma suerte, fueron asesinados de una forma
escalofriante, primeramente los torturaron quitándoles
los dedos, pidiéndoles una verdad que ellos no tenían
por lo tanto no podían contestar las descabelladas preguntas
y así les fueron quitando miembros del cuerpo hasta dejarlos
sin vida. A uno lo dejaron decapitado colgado de los pies en el
segundo piso de la casa, dejándole la cabeza en la sala
y el otro en la parte interior de la cocina sobre una plancha
de cemento, con la cabeza aplastada por una piedra, y el tercero
en uno de los cuartos de la parte interior de la casa. A éste
le dieron contra las paredes hasta dejarlo desfigurado, dejando
las huellas de su cuerpo ensangrentado en las paredes. Luego los
animales hicieron el resto, ellos no pudieron ser sepultados,
pues sus malhechores no lo permitieron y corrieron con la suerte
de ser devorado por los perros y buitres, esparciendo los restos
mortales por todas partes. El olor por lo tanto era insoportable.
La casa de mis padres quedaba atrás para donde el viento
soplaba, por esa razón tuvieron que abandonar la casa por
un tiempo, mudándose a la casa de unos amigos, los padres
de Marisela, por unos cuantos meses, y sólo mandaban a
Lucas y Carolina a darle de comer a los pollos y asegurarse que
todo anduviera bien por la casa.
Cuenta Carolina del miedo que tenían que pasar cuando los
mandaban a darle de comer a los pollos, se aseguraban que la marea
estuviera baja, para no tener que pasar tan cerca de la casa de
los muertos. Cuando pasaban por allí, hacían una
sola carrera sin dejar de ver la casa, por si algo se acercaba
a ellos les diera tiempo de escapar.
Pasaron tres meses, ya era tiempo de volver otra vez a casa y
tratar de seguir con la vida normal de antes. Pocos días
después los ladrones comenzaron a desbaratar la casa, llevándose
todo lo que en ella había: madera, techo, lo que pudiera
servirles o darles dinero, dejando como huellas las paredes manchadas
de negro por la sangre derramada, unas cuantas maderas colgando
y las paredes de lo que un día fue una hermosa casa. Reconociendo
así la casa hasta la fecha, como la Casa de la Finada Blanca,
a quien todo mundo respeta hasta ahora.
Así han pasado los años y nunca se dijo nada de
quién cometió semejante crimen.
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al Corazón"
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